Nota de prensa

Los exmisioneros y su continuo amor por sus asignaciones misionales en Europa

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es conocida por su labor misional. Hace más de cien años que jóvenes hombres y mujeres se marchan voluntariamente de casa y dedican un período de su vida a prestar servicio a los demás y a compartir el evangelio de Jesucristo.

Miles de misioneros han prestado servicio en toda Europa y se han impregnado de la cultura del país en el que fueron asignados a servir. Cuando esos misioneros regresan a casa, continúan sintiendo amor por esos países europeos durante toda su vida.

Karen Draudt regresó de su misión en Oslo, Noruega, hace más de cuarenta años y todavía sueña que camina por sus calles adoquinadas, admirando los edificios de colores vistosos.

Karen Draudt
Karen Draudt
Karen Draudt dice que piensa en Noruega todo el tiempo. 2021 by Intellectual Reserve, Inc. All rights reserved.

“Me encanta todo lo que sea noruego y estoy muy contenta por haber tenido la oportunidad de servir allí”, afirma Draudt. “Pienso en Noruega todo el tiempo. Forma parte de mi vida y de la persona que soy en la actualidad”.

Draudt sigue recordando con cariño a las personas, la comida, la música, los trajes típicos y las pinturas rosemaling (de rosas) que tanto llegó a apreciar. El tiempo que pasó en Noruega la llevó incluso a conocer a su esposo, con quien sintió afinidad al hablar del amor que ambos sentían por ese país. Después de vivir en Alemania durante cuatro años, los Draudt regresaron a los Estados Unidos y siguieron incorporando distintas culturas europeas a su vida cotidiana.

Kaleb Augat, otro exmisionero, creció en los Estados Unidos jugando al fútbol y viendo la liga alemana con su familia. Sus abuelos son alemanes, así que estaba acostumbrado a la comida alemana y a celebrar las tradiciones de ese país. Aunque apreciaba esa cultura, su llamamiento a servir en una misión de tiempo completo en Fráncfort fue lo que afianzó de verdad su amor por Alemania.

Kaleb Augat
Kaleb Augat
Kaleb Augat visita Fráncfort del Meno. 2021 by Intellectual Reserve, Inc. All rights reserved.

“Vivir en Alemania aumentó mi amor por el país y me ayudó a desarrollar una conexión más profunda con las personas”, comenta Augat. “Estar allí hizo que Alemania llegara a formar parte de mí”.

Augat, aficionado al fútbol alemán y atleta universitario, pudo aprovechar su amor por el fútbol para conectar con muchas personas. Esas conexiones no se debieron simplemente al amor que tenían en común por el fútbol, sino también a conversaciones sobre la vida y su sentido.

“El tiempo que pasé en Alemania me abrió los ojos para poder entender mucho mejor lo que pasa por la mente de las personas. Conseguí relacionarme más allá de lo superficial; descubrí cuáles eran las dificultades, las motivaciones, los valores y las prioridades de la gente”, dice Augat. “Al volver la vista atrás, sé que conocí a personas maravillosas”.

Augat sigue en contacto con muchas de las personas que conoció en Alemania. Además, intenta llevar la cultura alemana a su hogar todavía más, hablando con sus abuelos en alemán y enseñando frases a sus hermanos y primos mientras ven partidos de fútbol europeo y celebran otras tradiciones alemanas.

Raya Esplin es otra exmisionera, entre miles, que valora mucho su vínculo permanente con el país en el que prestó servicio.

Raya Esplin
Raya Esplin
Raya Esplin siente un profundo amor por Dinamarca. 2021 by Intellectual Reserve, Inc. All rights reserved.

“Intento que Dinamarca siga siendo una parte importante de mi vida, por ejemplo, leyendo las Escrituras en danés, comiendo cosas danesas e incluso poniéndome ropa danesa”, afirma Esplin. “Quiero hacer todo lo posible por fomentar el amor que siento por Dinamarca en todos los aspectos de mi vida cotidiana”.

Muchas personas se van a una misión a servir a los demás y cambiar vidas, pero, no pocas veces, esos misioneros regresan a casa cambiados por los países en los que han prestado servicio y por las personas a las que han llegado a amar.

“Siempre recordaré con cariño el año y medio que presté servicio en Inglaterra”, dice la exmisionera Ali Barnett. “Conocí a personas muy diversas, resilientes y maravillosas, y el tiempo que pasé conociéndolas me cambió por completo”.

El impacto de los países europeos en los misioneros se prolonga durante mucho tiempo después de que concluya su servicio. Incluso después de volver a casa, esas personas siguen sintiendo amor por el país de su misión durante toda la vida, pues ha llegado a formar parte de su ser.

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