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Nota de prensa

El élder Gong extiende tres invitaciones a los jóvenes adultos en el nuevo año

En un devocional digital, el Apóstol y su esposa, Susan, hablan a jóvenes adultos Santos de los Últimos Días de todo el mundo

El élder Gerrit W. Gong, del Cuórum de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, extendió tres invitaciones el domingo por la noche a los 2,3 millones miembros de la Iglesia de entre 18 y 30 años de edad.

 

En una transmisión en vivo desde un estudio en la Manzana del Templo el domingo por la noche, el Apóstol invitó a los jóvenes adultos a “estar tranquilos y saber que Dios es Dios. Dejar que la bondad de Dios y Sus creaciones estimulen su imaginación, calmen y tranquilicen su corazón y testifiquen que Él espera listo para profundizar la relación personal con ustedes”.

El élder Gong animó a la audiencia a hacer intentos deliberados para ir con más calma y participar de una clase de vida más reflexiva y de fe. Esto incluye, dijo él, sentir gratitud por las maravillas de los cielos, las bellezas de la tierra y las inspiraciones del arte, la literatura y la música.

Se requiere un esfuerzo consciente para calmarse y “queda[rse] tranquilo[]”. Se requiere receptividad y humildad espirituales para “sabe[r] que [Dios es] Dios (Salmo 46:10)”, dijo. “En ocasiones, el no ocuparnos de las cosas que importan menos nos ayuda a encontrar las que más importan”. El contemplar las cosas que están más remotas fomenta una perspectiva eterna que “nos servirá de ancla hoy en día”, agregó.

Segundo, el élder Gong pidió a los jóvenes adultos que “cambien el futuro ahora” desarrollando “relaciones multigeneracionales que los bendigan a ustedes y a los que están a su alrededor en los años por venir”.

Una mujer llamada Melba Oakes (sin relación con el Presidente Dallin H. Oaks), que actualmente tiene 94 años y reside en St. George, Utah, fue una bendición para la madre del élder Gong, Jean. Cuando Melba tenía 21 años y vivía en California, se hizo amiga de Jean, que entonces tenía diecisiete años y era nueva en la Iglesia. Jean estaba lejos de su hogar y era la única Santo de los Últimos Días de su familia. “En cosas pequeñas y sencillas”, dijo del élder Gong, Melba estuvo allí para su madre. Eso incluyó el
estar presente en su graduación de la escuela secundaria y conservar su invitación de boda.

“Hermanos y hermanas, en nuestro entorno hay otras Jean Gong y Melba Oakes: en nuestras residencias, nuestros trabajos, barrios y ramas, y en nuestros círculos y amistades […]. “Todos buscamos socializar y tener oportunidades de contribuir. Todos necesitamos un lugar seguro donde podamos preguntar y buscar; un lugar seguro para aprender y vivir la doctrina del Evangelio y la cultura de la Iglesia”.

El Apóstol dijo que cuando haya más amor y menos juicio hacia los demás, cada congregación se convertirá en una comunidad de fe vulnerable y atrayente que irradie compasión e inclusión.

“En las sociedades divididas, los discípulos de Jesucristo comparten una divinidad y humanidad común que supera cualquier diferencia”, dijo el élder Gong. “En los tiempos oscuros y, a veces, claustrofóbicos, los creyentes irradian Su luz y Su verdad liberadora. En tanto que hay hambre espiritual en la tierra, nosotros nos gloriamos en Él como el agua viva y el pan de vida […]. Hoy ustedes me ayudan a mí. Mañana los ayudo yo. Estamos aquí el uno para el otro; es lo que hacen los amigos y la familia en el
Evangelio”.

La última invitación del élder Gong fue que los jóvenes adultos “confíen en el Señor de la cosecha para que les ayude a ser mejores”. Hizo referencia a una encuesta reciente de la Iglesia en la que se muestran las muchas maneras en que los jóvenes adultos Santos de los Últimos Días están ayudando a atender necesidades humanitarias significativas en sus comunidades de todo el mundo.

Por ejemplo, el élder Gong dijo que los jóvenes adultos de la Iglesia y sus amigos cosen mascarillas, apoyan centros de refugio para mujeres, limpian después de los desastres naturales, proporcionan nutrición a los niños, edifican comunidades locales y donan a los bancos de alimentos.

El élder Gong también mencionó muchos de los proyectos humanitarios en los que la Iglesia participa.

Entre ellos se encuentran:

  • 1031 proyectos de respuesta al COVID-19 en 151 países
  • 700 camiones de alimentos y otros artículos esenciales que han recorrido 2,5 millones de kilómetros desde el almacén del obispo central para surtir a 380 bancos de alimentos, refugios para personas sin hogar y otras agencias benéficas. Estos camiones llevan latas de carne y otras cosas, entre ellas frutas, legumbres y pudines producidos en las 19 granjas de la Iglesia, cuatro plantas de envasado, tres huertos y tres haciendas ganaderas y una lechería.
  • Una asociación con otra organización para entregar 30 millones de comidas a niños de escuela en nueve países en vías de desarrollo

“Como discípulos de Jesucristo, nuestro convenio de pertenencia a Dios y unos a otros nos invita a ser buenos y hacer el bien”, dijo el apóstol. “Como saben, nuestra Iglesia brinda ayuda humanitaria sin distinción de raza, afiliación religiosa o nacionalidad. Nuestras actividades humanitarias no se utilizan para hacer proselitismo de nuestras creencias. Trabajamos con colegas de todas las religiones, o sin religión. Respondemos a necesidades inmediatas y a largo plazo. Permanecemos en el sitio mientras haya necesidad, que es mucho después de que las cámaras de las noticias se han marchado. Fomentamos la valía individual y la autosuficiencia. Percibimos las bendiciones del cielo al expresar nuestro amor por Dios haciendo lo que podemos por nuestros hermanos y hermanas, Sus hijos e hijas, en todas partes y de todas las formas posibles”.

La participación continua en tales servicios, en colaboración con Dios, “nos hará crecer enormemente” en la satisfacción de la vida, dijo el élder Gong, porque “Sus bendiciones son las de un gozo pleno”.

El élder Gong también animó a los jóvenes adultos a reunir los requisitos para tener una recomendación vigente para el templo, a ofrecerse como voluntarios para servir en sus congregaciones locales y a que “forjen un ambiente personal que nutra la fe y les ayude a guardar los mandamientos de Dios […]. No dejen que el mundo pretenda ofrecerles cosas que no puede darles”.

Hermana Susan Gong: Haz el bien ahora porque “el cielo no está esperando a que la pandemia termine”

En su discurso del domingo por la noche, la hermana Gong dijo que el aumento de tiempo en casa durante la pandemia (en octubre de 2020, ella y el élder Gong se contagiaron con el nuevo coronavirus) le ha permitido aprender a hacer acolchados cosiendo sobre papel. Es una clase de acolchado que convierte los retazos de tela en diseños intrincados.

Estos proyectos, dijo ella, no siguen la lógica, porque la tela se cose al revés y hacia atrás de la forma en que aparecerá el producto final. “Es difícil ver cómo estos pedacitos de color terminarán siendo un patrón coherente”, dijo ella, “pero poco a poco, al cortar, coser y planchar pacientemente, una y otra vez, va emergiendo un diseño hermoso”.

La hermana Gong dijo que así también sucede en la vida, especialmente durante una pandemia mundial que ahora va en su décimo mes. A pesar de que el plan para la vida de uno puede ser oscurecido por la niebla de las circunstancias difíciles, ella alentó a los jóvenes adultos a hacer el bien ahora desarrollando talentos y buscando mentores sabios y rectos.

Alentó a los jóvenes adultos de todo el mundo a comenzar cada día con una oración de gratitud y una súplica sincera por las oportunidades de servir y crecer. “Luego busquen oportunidades para ser un amigo más fiel, una hermana más bondadosa, un mejor hijo, un vecino más generoso, un ministro más inspirado, un padre más paciente”, dijo.

“El cielo no está esperando a que la pandemia termine, que yo rebaje unos cinco kilos, o que ustedes se casen con la persona de sus sueños”, dijo al concluir. “El cielo no está esperando a que seamos perfectos ni que lleguemos al mundo venidero para bendecirnos. Si hacemos las ‘obras justas’ recibiremos nuestro ‘galardón, sí, la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero’ (Doctrina y Convenios 59:23)”.

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