Nota de prensa

Los jóvenes adultos de Bulgaria encuentran servicio y amistad que va más allá de las palabras

Un grupo de jóvenes adultos ayudó a un internado a restablecer su suministro de agua y descubrió el gozo transformador de servir a los niños.

El pasado mes de agosto, un grupo de entusiastas voluntarios de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días llegó a un colegio de Rusalya (Bulgaria), dispuesto a cavar los agujeros donde poner los postes de un nuevo toldo. Para su sorpresa, se encontraron con una necesidad más urgente.

La acometida de agua que abastecía a la residencia de la escuela se había roto. Hasta que se pudiera reparar, la escuela suministraba agua a la residencia mediante una manguera de jardín que atravesaba el recinto.

Sin perder un segundo, los jóvenes se pusieron manos a la obra: tomaron palas y picos y comenzaron a buscar la tubería rota.

Young adults work together to locate a broken water line at the Rusalya School of The Arts in Rusalya, Bulgaria, during the Area Young Single Adult Service Conference in August 2026. © 2026 by Intellectual Reserve, Inc. All rights reserved. Photographer: Boyd AndersonDownload Photo

Un lugar que ofrece seguridad y oportunidades

La escuela brinda un hogar y educación a treinta niños que provienen de situaciones difíciles, muchos de ellos de la comunidad romaní, con edades comprendidas entre los cuatro y los dieciocho años. Está dirigida por Animari Kirilova Dimitrova y Zlatko Nakov Zlatkov, antiguos actores de teatro búlgaros que vendieron todo lo que tenían para crear un lugar que aporte seguridad, educación y oportunidades a los niños necesitados. Afirmaron que para los niños resulta especialmente significativo ver a los jóvenes prestar servicio, aprender de su ejemplo y establecer vínculos con ellos.

“Los propietarios son como la madre y el padre de todos estos niños”, afirmó el élder Boyd Anderson, misionero de servicio humanitario de la Iglesia que ayudó a organizar la actividad de servicio.

La Iglesia también está apoyando los planes para construir una nueva residencia que permitiría a la escuela acoger al doble de niños. El año anterior, varios jóvenes adultos habían trabajado en el recinto, ayudando con el paisajismo, la limpieza y el embellecimiento del lugar, mientras se seguían desarrollando los planes de construcción.

Entre los que regresaron este año se encontraba Bryan Sigcha, un joven ecuatoriano afincado en Alemania que ayudó a organizar la conferencia de este año.  Él afirmó que dedicar su tiempo y habilidades a los demás es algo que siempre ha querido hacer: “Me hace sentir que he nacido para esto”, afirmó.

El trabajo previsto para este año cambió drásticamente cuando se descubrió el problema de la tubería de agua rota. “Literalmente, cavamos hoyos en busca de la acometida de agua”, explicó el élder Anderson. “Una vez que la encontramos, seguimos cavando hasta localizar la fuga”.

Los voluntarios cavaron zanjas de casi un metro de profundidad, incluso ensanchándolas cuando la tubería no estaba donde esperaban que estuviera. Su trabajo permitió a la escuela sustituir la tubería dañada poco después de que terminara la conferencia.

Más que una reparación

Mientras los voluntarios se preparaban para marcharse, uno de los propietarios de la escuela tomó al élder Anderson por los hombros y le expresó su gratitud. “Si no hubierais venido”, dijo, “no sé qué habríamos hecho”. Para Animari y Zlatko, el regreso de los voluntarios por segundo año consecutivo también supuso una esperanza de que la colaboración continuará. “Todo esto nos da la sensación de felicidad y paz de saber que no estamos solos”, afirmaron.

En un devocional celebrado la última noche, el élder Anderson se dio cuenta de que ninguno de los jóvenes adultos habló de la dificultad del trabajo sino que sus recuerdos se centraban, en cambio, en los niños.

Así le sucedió a Iván Georgiev, de veinte años, uno de los dos jóvenes búlgaros que participaron. Miembro de la Iglesia desde hace once meses, Iván estaba deseando asistir a su primer encuentro de jóvenes adultos solteros y conocer a gente de su edad. Cuando se enteró del proyecto, su única pregunta fue: “¿Cuándo salimos?”.

Esperaba tener que hacer trabajo físico. Los niños le sorprendieron. “Estaban radiantes”, dijo. Aunque algunos eran tímidos, se acercaban a los jóvenes adultos con interés. “Se nota el cariño que reciben en sus sonrisas y en la forma en que te hablan”.

En ocasiones, los alumnos mayores se unían a los voluntarios para cavar. Los niños más pequeños se quedaban cerca y, de vez en cuando, cogían una pala para echar una mano. El último día, una vez finalizado el trabajo, el grupo pasó varias horas jugando con los niños: haciendo pompas de jabón, echándose agua unos a otros y riendo juntos.

Servicio que perdura

Aunque la mayoría de los jóvenes y los niños no compartían un idioma común, se forjaron amistades. “A pesar de la barrera del idioma, se crearon maravillosos lazos de amistad”, afirmó el élder Anderson.

El presidente Nikolai Danev, presidente del Distrito Bulgaria, señaló que la experiencia brindó a los jóvenes la oportunidad de aprender a poner en práctica la caridad. “Al dar pequeños pasos de caridad, podemos volvernos más sensibles a las necesidades de los demás”, afirmó.

El élder Yves Weidmann, Setenta de Área que participó en el proyecto, afirmó que el vínculo personal entre los jóvenes adultos y los niños es lo que ha dado sentido a las dos últimas conferencias de servicio celebradas en Bulgaria. Durante la semana de la conferencia también se hizo una visita a la cercana ciudad de Veliko Tarnovo, se celebró una velada de karaoke y una reunión devocional de clausura.

Young adults participating in the Area Young Single Adult Service Conference gather in Veliko Tarnovo, Bulgaria, in August 2026. © 2026 by Intellectual Reserve, Inc. All rights reserved. Photographer: Boyd AndersonDownload Photo

El élder Weidmann afirmó que la conferencia trajo consigo un cambio duradero. “En nuestra reunión de testimonios y en nuestras conversaciones, pudimos sentir el poder transformador que esta conferencia de servicio tuvo en cada uno de nosotros y cómo nos había acercado más a Jesucristo”, afirmó.

En Bulgaria, esa necesidad resultó ser inesperadamente sencilla e inmediata: agua para una residencia llena de niños.

Los jóvenes llegaron preparados para cavar hoyos e instalar un toldo. Se marcharon tras haber ayudado a reparar una tubería de agua esencial y haber descubierto que el servicio a los demás, incluso cuando hay diferencias de idioma y procedencia, puede crear vínculos que no necesitan traducción.