La vida de miles de personas se vio afectada por los daños devastadores que provocó el paso de la borrasca Boris por Europa central en septiembre de 2024. Después de las lluvias torrenciales e inundaciones, los misioneros y miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días comenzaron a prestar servicio en sus comunidades: sacaron barro con palas, quitaron enseres inservibles de patios, limpiaron casas y mucho más.
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Los misioneros de bienestar y autosuficiencia trabajan en conjunto con estudiantes de la Academia Cumorah para limpiar terrenos públicos en el pueblo de Brantice (República Checa), después de las inundaciones de septiembre de 2024.
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Los jóvenes adultos locales y estudiantes de la Academia Cumorah colocan el poste de una portería de fútbol en terrenos públicos en Brantice (República Checa), después de las inundaciones provocadas por la borrasca Boris en septiembre de 2024.
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Los voluntarios de la Academia Cumorah limpian a mano sillas llenas de barro en Brantice (República Checa) en un proyecto de servicio en conjunto con Servicios de Autosuficiencia y Bienestar, después de las inundaciones de septiembre de 2024.
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Unos misioneros de la Misión Rumanía Bucarest sacan barro con palas de un patio en el pueblo de Cuza Voda. Las casas de esta zona quedaron cubiertas de agua con barro hasta una altura de 120 centímetros debido a los efectos de la borrasca Boris.
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Una misionera mayor de la Misión Rumanía Bucarest limpia las paredes de la casa de una anciana que vive en el pueblo de Cuza Voda y cuya vivienda quedó inundada por la borrasca Boris.
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Unos misioneros de la Misión Rumanía Bucarest sacan barro con palas de un patio en el pueblo de Cuza Voda. Las casas de esta zona quedaron cubiertas de agua con barro hasta una altura de 120 centímetros debido a los efectos de la borrasca Boris.
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Unos misioneros mayores en la República Checa reparten productos de higiene y limpieza a un centro de cuidado de ancianos en Ostrava después de las inundaciones de septiembre de 2024.
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En Rumanía, cinco mil hogares se vieron afectados directamente por las inundaciones y muchas familias se vieron obligadas a evacuar sus viviendas. Un grupo de veintidós misioneros y miembros se desplazaron al pequeño pueblo de Cuza Voda para prestar servicio. El alcalde los guio hasta una calle donde las casas habían quedado cubiertas de agua con barro hasta una altura de 120 centímetros. Allí, los voluntarios limpiaron la casa de una anciana, quitaron barro y muebles estropeados y fregaron los suelos hasta que recuperaron su color original.
En la República Checa, estudiantes y tutores de la Academia Cumorah prestaron servicio voluntario, en conjunto con los jóvenes adultos locales, para limpiar terrenos públicos en Brantice después de que el país sufriera algunas de las inundaciones más severas en casi tres décadas. Además, los misioneros regionales de la Iglesia encargados de bienestar y autosuficiencia coordinaron una donación humanitaria de productos de higiene y de limpieza para un centro de cuidado de ancianos en Ostrava. El sótano de este centro, gestionado por Cáritas, había quedado inundado, y muchos de los suministros existentes de este tipo de materiales sufrieron daños.
En Eslovaquia, la Iglesia donó fondos a la Cruz Roja para comprar veinte deshumidificadores, que se distribuyeron en la región de Bratislava. Los deshumidificadores, entregados a hogares y negocios locales, se recuperarán y almacenarán para poder usarlos en el futuro.
En Austria, los miembros locales trabajaron con la Cruz Roja, Team Austria, Cáritas y otras organizaciones para prestar servicio. Todos los misioneros de la Iglesia en estas áreas están seguros, y aquellos miembros de la Iglesia que han sufrido daños en sus hogares recibieron ayuda inmediata de sus líderes del sacerdocio.